miércoles, 21 de enero de 2015

Capítulo 12 La desaparición y comienza el desastre para El Clan

Estamos en la recta final de capítulos, quedan muy muy pocos, espero vuestras opiniones :D
Ahora sabe lo que es el miedo, un sudor frío se forma en su espalda y traga saliva. Observa atentamente la habitación, intentando pensar con la frialdad que se caracteriza en situaciones como esta, y busca una opción.
Se arquea, intentando desatar sus ataduras, pero las cuerdas mágicas son imposibles de desatar. Aarón se acerca a ella sonriendo, como el gato de Alicia en el País de las Maravillas.
- Pobrecita Lyd. Toda su vida es una mentira.
Ella lo ignora y mueve sus manos lentamente en busca de un modo de liberarlas. Con los pies empieza a hacer lo mismo, esas cuerdas están más flojas. Lo mira y sonríe, sus ojos brillan, va a intentar golpearle con los pies y liberarlos. Toma impulso con los pies y las manos, levanta las piernas para golpear a Aarón pero no consigue soltarse. Él se arrodilla a su lado, y le quita la mordaza.
- ¿Algo que decir, saltamontes sin alas?
-No me hacen falta las alas, para golpearte, Aarón-lo fulmina con la mirada debatiéndose.
- Qué bonito.
El móvil de Aarón sonó y lo cogió, tras hablar unos minutos, miró a la chica y dijo:
-Nos vamos, querida-Vuelve a ponerle la mordaza y se la cargó al hombro.
Ella sacude los pies con fuerza, golpea su estómago, a base de cabezonería consigue situar su patada en su entrepierna, con la fuerza que puede, a la vez que le golpea con la cabeza en la espalda. Aarón la lanza al suelo bruscamente y saca un bote con un líquido de su bolsillo.
- Se acaba la tontería.
Cogió un estuchito de su bolsillo, dentro del cual había una aguja y luego inyectó la aguja en el líquido, la mira y se acerca a la chica. Abre los ojos desmesuradamente, y rápidamente comienza a arrastrarse hacia atrás como puede. No puede acercarse ese tipo con la aguja ni de coña. Le dan pánico.
De un salto se pone sobre ella, bloqueando sus piernas con sus rodillas y pegándola contra el suelo con el brazo.
- Dulces sueños- dijo, y le clavó la aguja en el trasero, a través del pantalón.
-Maldito ca…-no terminó la frase y cayó en un profundo sueño por la droga.
****
Lizzy escuchaba atenta todo lo que estaba contando Alex, era algo… no tenía sentido, ¿Por qué habrían llevado a Lyd a esa casa? ¿Qué tenía que ver Lydia con Alex, aparte de que se han conocido? ¿Cuál es el núcleo de unión entre ambos para usar esa casa?
Tenía demasiadas preguntas rondando por su cabeza, y todas sin respuesta. Se dio cuenta de que Alex miraba fijamente a Rafa y éste retiraba la mirada, como si ocultara algo, entonces se dio cuenta de que era eso.
Sam puso un mapa sobre la mesa, nos indicó donde estaba la casa y como era el terreno, lo último que sabía de ese lugar es que estaba rodeada de sensores, el sitio estaba muy bien custodiado y que el propietario era su hermano.
-Ahora que lo dices…-dijo de pronto Rafa, recordando-En el avión, ella se levantó y luego volvió al asiento, muy blanca, como asustada.
-¿Por qué? ¿Qué te dijo?-exclamaron los otros tres.
-Alex me ha traicionado con Oscar…-cerro los ojos, pellizcando el puente de su nariz-ahora todo tiene sentido, no se refería a ti, Alex. Sino a tu hermano-abrió los ojos y estos brillaban de furia.
-Ese maldito hijo de puta…-golpeó con fuerza la mesa-siempre metiéndose en mi vida, jodiendola como de lugar…
-Alex, tranquilo-le puso la mano en el hombro-vamos a hacerle pagar a como dé lugar, no vamos a dejar que se interponga más en tu vida-sus ojos se habían vuelto totalmente verdes oscuros.
-Eso haremos amigo, vamos a ayudar entre todos para que luego todo esto sea una anécdota de la que reírnos-le sonríe Sam confiado.
-Si vamos a enfrentarnos a ellos, vamos a tener que prepararnos muy bien-se paseaba Rafa por la sala pensativo-ellos esperan que los encontremos y los ataquemos. Pero eso no vamos a hacer, vamos a hacer una estrategia por si nos hace falta.
-El mejor plan de ataque es aquel que tu enemigo no se espera-asintió de acuerdo Lizzy, poniéndose en pie.
-Exacto, tal vez podamos conseguir algunas armas de las que tienen aquí por si acaso la cosa se complica y…
-Querido amigo, se complicarán-sonrió ladino y lanzándole una mirada cómplice Alex a Sam-a nosotros siempre se nos complican.
Los chicos salieron charlando de la sala, mientras que Lizzy se quedó en el comedor, no estaba segura del plan, había algo en su interior que le decía que la cosa iba a salir mal. Sacudió la cabeza irritada ante tal sensación y miró el mapa del lugar donde se hallaba su amiga secuestrada, estaba en medio de un bosque.
Un sitio curioso para construir una casa, sin embargo, es un buen emplazamiento para que no sea encontrada si se busca. Señala con el dedo la ruta que ellos han marcado hasta la casa, es demasiado fácil, hay algo que no cuadra y le encantaría saber que es.
Tira el mapa al suelo frustrada y camina a grandes zancadas hacia la salida, pero al llegar se choca contra un muro sólido, rebotando hacia atrás. Unos brazos la sujetan para evitar que caiga de culo al suelo, salvándola de un bochorno. Al levantar la cabeza, ve a un  joven, alto, fuerte y de unos impresionantes ojos azules verdosos que brillan con diversión.
-¿Quién eres tú? ¿No sabes mirar por dónde vas?-inquirió ella apartándose de él.
-Creo, señorita, que es usted la que no ha mirado por donde iba-le sonrió ampliamente divertido.
-Lo que sea-lo apartó y salió de la sala.
-Me pregunto si el mal carácter es de familia…-murmura riendo el joven.
El joven levantó el mapa del suelo y lo acercó hasta tenerlo en sus manos, miró curioso el camino que han señalado y cerrando los ojos se concentra visualizándolo. En ese momento, se abrió la puerta, de nuevo, y entró Alex, que se quedó sorprendido ante el nuevo chico que había en la sala.
-¿Quién es usted y que hace mirando ese mapa?
-Otro igual-masculló por lo bajo el joven, suspiró y se giró hacia Alex-soy una ayuda extra para ti y tus queridos amigos-hizo una cómica reverencia.
-¿Y quién te ha dicho que necesitamos ayuda con lo que vamos a hacer?
-Mira niño, esto es más grande de lo que piensas…-se acercó hacia él amenazante-te diría incluso que si tú y tu amiguita no hubierais conocido a Lyd y Rafa, ahora no estaríais en este lio. Así que cállate y acepta la ayuda.
-Mira no sé ni quien eres ni de que conoces a Lydia, pero no te necesitamos…-le dio un empujón apartándolo de sí mismo.
-Soy Tomas Ross, y…
-Tom, ya basta-intercedió una voz masculina tras Alex-estamos con presión y el chico no te conoce.
-¿Lo conoces, Rafa?-preguntó Lizzy entrando en ese momento, seguida de Sam.
-Sí, es el guardaespaldas de la prima de Lyd y también mi amigo.
-Ella me ha mandado, ha sabido lo que ha ocurrido y me ha pedido que os ayude-le tendió el mapa a Lizzy-no es mala ruta.
-Lo siento, no sabía…-dijo Alex, tendiéndole una mano a Tomas-apreciamos toda la ayuda que nos brinden, ya que su padre y hermana no van a mover un dedo.
Tomas miró a Rafa enarcando una ceja ante eso, pero éste simplemente sacudió la cabeza para que no preguntara en voz alta. Interesante, el viejo esta ya demasiado mayor y su hija no sabe nada de su especial hermana… asiente a su amigo y observa pensativo a los chicos.
Todos estaban ya armados, con pistolas y chalecos antibalas, sin embargo, la muchacha llevaba un par de cuchillos y dos pistolas, en la cintura y en la pierna, distribuidos. Disimuladamente, aparece en su espalda una pistola y un cuchillo en la cintura, si iba a ayudarlos, tenía que ir igual a ellos o no sería creíble.
-Bueno, creo que es hora de que nos pongamos en marcha, chicos.
-Tenemos nombres, por si no lo sabes…adonis-mascullo por lo bajo Lizzy.
-Soy Alex, él, es Sam y la muchacha impaciente es Lizzy-les presentó rápidamente Alex.
-Estupendo, yo soy Rafa, por si no lo sabias-dijo muy serio y luego estallo en carcajadas-ahora, sin bromas, es hora de irnos.
Todos asintieron de acuerdo, y se marcharon hacia el exterior de El Clan, sumidos en un profundo silencio, que Lizzy se encarga de romper.
-¿Por qué se llama esto, El Clan?
-Porque aquí no solo hay simples espías, sino también…-Tomas se quedó pensativo buscando la palabra adecuada-unos guardianes, que son como los mejores espías.
-Tiene sentido, y le pega-sonrió aceptando la explicación.
Llegaron al patio exterior, donde les esperaba un helicóptero, Tomas les dijo que era suyo, y que desde él se irían hasta el lugar donde estaba Lydia secuestrada. A pesar de la discusión que tuvo con Alex, que no estaba de acuerdo en que ir en helicóptero fuera lo mejor, acabaron yendo en él.
****
Despierta atontada en un sitio con bastante luz, tanto que la deslumbra, sacude la cabeza para despejarse y concentrarse en donde está. Se da cuenta que está atada a una silla, y la mordaza sigue impidiendo que articule sonido.
- Buenos días, dormilona.
Se gira hacia el sonido de la voz, está bastante confusa. Parpadea pata aclararse la vista y se queda en shock. Oscar esta delante de ella.
- ¿Te gusta la sorpresa, delicia?- preguntó Aarón.
Sus ojos se achican y brillan de furia contenida, sus respiración de altera.
- Tus amiguitos no tardarán en llegar, así que iremos resumiendo
Ella comienza a forcejear con fuerza, empieza a mover la silla de un lado a otro para que se caiga de lado, pero no puede con ella.
- La silla esta atornillada. No podrás con ella. Bien... ¿Por dónde empiezo?
Ella le grita a través de la mordaza pero solo salen sonidos amortiguados.
- Hace unos... 200 años, Hades tuvo una hija. Una hija con los poderes de la oscuridad en su interior.-dijo, ignorándola.
Ella infla los mofletes y gira la cara, mira la pared como si fuera la cosa más interesante de la sala.
- Esa hija tenía un bondadoso corazón, pero perdía el control con facilidad. Llegó a mantener una relación con su guardián, pero en una de sus pérdidas de control, casi lo mata.  Así que los dioses decidieron borrar sus recuerdos y mandarla con los humanos-la mira, tiene una sonrisa socarrona-asignaron al guardián a otro dios, y él aceptó.
Como si a mí me interesaran las historias de la mitología griega, piensa molesta. Bufa como puede, se ve que el charlatán no se va a callar nunca, suspira y lo mira con aburrimiento.
- La chica solo tiene que desatar su oscuridad interior para poder destruir todo lo conocido. Su nombre...

miércoles, 14 de enero de 2015

Recomiendo Leer!! RESEÑA A MANOS DE UN EDITOR, DE LA NOVELA SOMETIDA, OBRA DE D. C. LÓPEZ

Os presento una de las novedades de la editorial GramNexo, que se encuentra incluida en la colección "Love&Books":
SOMETIDA
 
Autor: D. C. López  
Editorial: Gramnexo 
Fecha: Enero 2015 
Páginas: 260
Precio: 9.95 € 

Argumento:

Aquí comienza la historia de Ángela, una joven Sometida, que no te dejará indiferente...

Antes de adentrarte en la insólita historia que contiene las páginas de este libro que sostienes, te aviso que si lo haces esperando encontrarte en el mismo la típica novela de amor de la que sueles leer habitualmente, que entonces mejor lo dejes de vuelta en la estantería. Pues aquí no encontrarás una historia de ensueño con unos protagonistas maravillosos que todo les va a las mil maravillas. No, tenlo claro. Aquí la heroína, Ángela, será sometida por su depravado novio Derek, a todo tipo de vejaciones. Sufrirá en sus carnes el abuso sexual que este le somete, así como la humillación y el miedo constante que la embarga cada vez que está a su lado, bajo su dominio. 

Sin embargo, no todo será sufrimiento para nuestra protagonista ya que la entrada en escena de Tayler, que es todo lo opuesto a su novio y que sí sabe tratarla como se merece, le hará sentirse especial. Pero, ¿habrá futuro para ellos estando Derek de por medio? Eso lo decidirá el destino; en tus manos está el conocer la respuesta.

jueves, 8 de enero de 2015

Capítulo 5 Nueva unión

El primer capítulo del 2015!! Espero que os guste y saber que opináis ;)
"Katherine"
Me levanté abrazada a Nataniel, me sentía muy bien con él. Siempre me daba seguridad, nunca necesitaba decirle cómo me sentía, él lo notaba y desde que nos conocimos siempre ha sido así, nuestra relación, aunque no tan íntima como hasta ahora, era muy especial.
Sólo llevaba dos días, este era el tercero en Londres y había pasado de vivir con mi abuela y mi hermanastro, a estar en brazos de Nataniel. Las cosas cambian tan rápido que uno no se da ni cuenta.
Mi vida en Estados Unidos era tan distinta, tan diferente, que si se lo contaba jamás me creería, así que para qué hacerlo.
Mi deleite mirándole su cara era muy atractivo, siempre lo ha sido, me di cuenta del corte en el labio y me acordé de Iván, " ¿qué demonios le había pasado por la cabeza?, sabía que iba a estar en casa de Nat, ¿porque vino borracho? y quizás con alguna droga, no lo entiendo... pero no quiero entenderlo, le desprecio"
– Buenos días gatita... – dijo Nat, abriendo los ojos.
– Buenos días Nat...
– Te pasa algo... Tu mirada me dice que no estás bien, ¿qué te pasa? – conocía su voz y sabía que estaba preocupado.
– No es nada, simplemente me vino a la memoria, lo de anoche lo sucedido con Iván. – lo fui diciendo mientras me soltaba de Nat y me levantaba de la cama, necesitaba un espacio para poder seguir hablando. – Lo nuestro... sobre ti y sobre mí, no estoy segura de que sea un buen momento para...
– ¿Te arrepientes de lo que pasó anoche? – él se levantó también de la cama, para abrazarme, por detrás.
– No... Nat, nunca me arrepentiré de esta noche, me has hecho sentir como quizás nunca había sentido, solo qué....
– Katherine... no pienses en ello... y simplemente, demonios una oportunidad, sólo te pido eso... nada más. – me susurró al oído y después me beso en la nuca.
Cierro los ojos, suspiro y asentí. Con él podía ser yo misma, en todos los sentidos, pero al resto del mundo mostraba la cara más fuerte de mi carácter.
Desayunamos sin decir una palabra, sólo disfrutando del momento y de estar juntos. Debía regresar a las oficinas y tomar el mando de la empresa, ahora más que nunca, después de lo de Ian en la reunión, era mucho más que una simple amenaza. Debía hablar también Charlie y cómo no con Stefan y Jon.
– Kat... quiero hacerte una pregunta, sobre ayer, en la reunión.
– Dispara... – mi cuerpo se tensó y mi mirada era mucho más dura, sabía que dependiendo de la pregunta no podría contestar con la verdad.
– ¿A qué vinieron esos dos guardaespaldas? ¿Quién los contrato?... para cuidarte y ¿de quién?
– Que sepas... que esto no ha sido una pregunta, sino tres, pero de todas formas te contestaré...
–La 1, para mí seguridad y la 2... Y 3, Charlie, un amigo, conocía a Ian y sabía los problemas que tuve en EEUU con él, por eso los contrató... ¿Satisfecha tu curiosidad?, no hay mucho más que decir.
– Te das cuenta... de cómo me has contestado, te acabas de poner a la defensiva, ¿Porque?
– Odio los interrogatorios, tú lo sabes muy bien y ahora si no te importa acercarme a las oficinas.... Estaré lista en 20 minutos.
– Está bien Kat, no te voy hacer una pregunta más... – me dijo molesto, sabía que le había sentado mal mi cambio.
Pero el muro que había levantado durante años, para que nadie me controlase ni me doblegase, no iba a caer por una sola noche, – lo siento mucho, Nat. – Soy una mujer difícil.
 
"Nataniel"
« ¡Qué demonios!... esta noche y esta mañana todo estaba bien... después de desayunar, sólo una pregunta y... comienza a ser fría y distante conmigo... ¿qué ha pasado? Es como si estuviera hablando con otra persona. »
Nos duchamos por separado, nos arreglamos y cogemos el coche para ir a la oficina. Ya no hay miradas cómplices, ni caricias. Sólo escuchamos la radio y de vez en cuando veo en su cara una sonrisa, que me tranquiliza, porque me hace pensar está bien, pero nada que me delate en qué piensa y porque ha cambiado su actitud.
Llegamos a las puertas de la oficina y nos acercamos a recepción, pero antes de llegar me detiene en medio del Hall.
– Querido Nat, perdona por lo de antes, sabes que te quiero... mucho más... que un amigo, – y se acerca a mí insinuante, me coge del cuello y me besa.
«Oh... Me vuelve loco... con ese beso. Estoy cachondo, caliente, me la tiraría aquí mismo. »
– ¿Me perdonas? – apartando sus labios, para mirarme.
– Gatita..., no puedo decir que no, después de ese beso. – le pongo mi mejor sonrisa y la aprieto contra mí para qué note como me ha puesto, satisfecho, veo como sus ojos se agrandan y me sonríe pícara. – Sólo una condición, esta noche te invitó a cenar.
– ¡Miau!... Eso está hecho. – me susurra en los labios, dándome un pequeño beso.
Nos despedimos para encontrarnos esta noche, yo vendré a buscarla. Debo ir a mi gabinete, tengo trabajo atrasado. Veo como camina, me fijo en su culo y sus caderas, en cómo se mueven, sabe que la estoy mirando, sonrío, lamo mis labios de gusto, notando su sabor en ellos y me marcho hacia el coche.
"Katherine"
– Buenos días señorita Rhonde. – me dices muy amable la recepcionista, veo que lleva una placa con su nombre, Kim Taylor.
– Señorita Taylor, estaré en el despacho de mi madre, todo el día. – miró hacia el ascensor y veo a Stefan y a John, esperándome, acompañados de un tercer hombre, me supongo que será su primo, por la conversación que tuvimos ayer. – Seguramente me llamen de Estados Unidos, pasa todas mis llamadas a ese despacho, gracia.
– Si Señorita... Rhonde.
– y una cosa más.... ha llegado ya el señor Becket... o el señor Thorner. – Fui tan rápida que no la deje ni pronunciar mí apellido, sonreí – y por favor llámame Katherine....
– Señorita Kat...Katherine – se le trabó la lengua, cuando levantó la mirada y miró detrás de mí, por el rabillo del ojo puede ver a Ian – el señor Becket...to todavía no ha llegado y tampoco el señor Thorner.
– Está bien... tranquila, ya me hago cargo del Señor Ian Mcan, – dirijo mi mirada Stefan y Jon, les hago un gesto, que se acercan inmediatamente, colocándose detrás de él y yo lo encaró, dando las últimas instrucciones a Kim – avísame cuando lleguen... Ian, creo que has llegado muy pronto.
– No... No es pronto para hablar contigo, en privado... – tiene una sonrisa maliciosa.
Esconde algo, lo sé, si no le conociera como le conozco, por desgracia, nadie lo notaría, pero yo sí. Voy a seguirle el juego, haber donde me lleva, teniendo Stefan y Jon cerca no se atreverá hacer nada.
– Está bien... vayamos a mi despacho, pero lo siento mucho, no será en privado... estos dos caballeros nos acompañarán. – digo con total seguridad y con una leve sonrisa, sabiendo que eso le molesta.
– ¿Qué hacen estos dos aquí? aquí no se les ha perdido nada...
–Tienes razón Ian.... yo no me he perdido, pero los ha contratado Anthony... – sonrió abiertamente mientras entramos en el ascensor – por cierto,  ¿sabes quién es Anthony, verdad?
– Sí que lo sé,... lo sé perfectamente, no hace falta que me lo recuerdes...  – me contesta completamente fuera de sí, le estoy sacando de sus casillas y me gusta.
Llegamos a la planta y se abren las puertas del ascensor, me fijo en Stefan y él sonríe también, está disfrutando igual que yo de la exasperación de Ian. Jon como siempre, inexpresivo, concentrado en su trabajo. Los conozco y sé que son muy buenos en lo que hacen y Anthony lo sabe también, por eso me los ha asignado.
Llegamos a la puerta del despacho y siento un nudo en el estómago, tengo emociones encontradas, que no puedo expresar, no es el momento. Cuando abro encuentro todo como estaba hace 6 años como si no hubiera pasado el tiempo, todo en su sitio, ordenado, como mi madre lo tenía siempre, pero no me puedo déjame caer en estos pensamientos, debo seguir jugando al juego que Ian a empezando.
Camino con paso firme y me dirijo a la mesa, sentándome en el sillón de mi madre, le hago un gesto a Ian para que se siente al otro lado. Stefan y Jon se quedan atrás en la puerta vigilando atentamente sus movimientos.
–Desde ¡Ya!, te digo que no vas a conseguir nada,... más te vale que te marches por dónde has venido y regreses a Estados Unidos. – En toda guerra, un buen ataque es la mejor defensa y empecé por ahí.
–  Jajaja... no preciosa Katia... el juego, es más complejo de lo que tú te crees... y yo tengo mucha más experiencia... – Ian se reclinó en el asiento con cara victoriosa. – te estás precipitando... gatita.
« ¡Maldita sea! algo se me está escapando... está demasiado tranquilo, algo ha hecho ¿pero el qué? debo... pensar, necesito averiguar que esconde, necesito tiempo»
–Sólo te digo, que estás delante de la accionista mayoritaria y presidenta de esta empresa. – me tiré un farol, aunque en el fondo esa es mi pretensión, inyectar liquidez a la empresa a cambio de más acciones, se las compraré a los inversores... – Como verás... aprendo muy rápido y después del trabajo en Washington, tú y yo no tenemos nada que ver, te lo demostré allí y no tendré ningún problema en demostrártelo aquí y ahora ¡márchate! Tengo trabajo...
Su expresión corporal cambió, me fijé en todos los detalles, estaba desconcertado sus facciones pasaron de ser la expresión de un ganador a empezar a sospechar que había medido mal sus fuerzas y que yo estaba ganando la partida.
–Esto... no se acaba aquí... puede que hayas ganado esta batalla, pero no has ganado la guerra... querida Katia – sus ojos destilaban odio y rencor; se levantó y yo también lo hice, se dirigió a la puerta, pegando un portazo.
Toda la tensión acumulada durante minutos se concentró en mis piernas, que comenzaron a temblarme. Miré a Stefan y Jon no quería que me vieran así, ellos también me miraban, con cara de satisfacción. Ver salir con el rabo entre las piernas a Ian les gustó.
– Bravo jefa... es usted la mejor, no lo dude, ni por un instante,
– Enhorabuena Kat, pero esto es sólo el principio, – me remarcó Jon.
– Os agradezco vuestros elogios, a los dos, pero ahora necesito estar sola, salid fuera... Por favor.
Me dejó caer en el sillón y si cierro los ojos con fuerza, respiró profundamente para intentar relajarme, reconozco el perfume de mi madre. Después de tanto tiempo y aún sigue ahí ese olor miró los cajones de la mesa reconozco su pluma y también su letra en un documento abro otro cajón y ahí está, el frasco de perfume que tenía siempre en su despacho. Los recuerdos me hacen vulnerables y las lágrimas intentan salir, pero odio serlo, no lo pienso permitir esa herida está cerrada hace tiempo.
Me levanto enfadada conmigo misma – no quiero llorar, no quiero llorar... – me repito una y otra vez, cojo una figurita qué hay en un rincón de la mesa y la lanzó con fuerza contra la pared haciéndola añicos, se abre la puerta.
– ¿Todo bien jefa? – me dice John, mirando mi expresión y esperando una respuesta.
– Ahora... mucho mejor, gracias. – le sonrío y cierra la puerta.
Debo prepararme para la batalla, debo contactar con toda la gente que conozco y empezar a mover mis fichas. Necesito saber sus movimientos, qué es lo que hace, con quién habla y dónde va, no voy a dejar ningún cabo suelto.
Después de unos minutos, en los que me relajé lo suficiente como para pensar con claridad. Abrí la agenda que me había facilitado Kim, llame a mi secretaria, una tal Lizeth Brandon y le pedí que preparar a una reunión para la tarde con el jefe de recursos humanos y con el de administración, para preparar un plan de choque. Mire mi reloj era demasiado temprano para llamar a Nueva York allí, allí era de noche, tendría que esperar a la tarde. Pero en California todavía era por la tarde.
– Buenas tardes señorita....
– Déjate de formalidades Richard, sabes que no me gustan, en estos momentos me encuentro en Londres... – resoplé, no me gustaba nada dar explicaciones, pero Richard era mi mano derecha allí, podía confiar en él al cien por cien, al igual que confío en Nat – Me marché con tanta urgencia que no pude avisarte,... necesito que te hagas cargo, ya sabes.... cualquier cosa comunícamelo enseguida.
– A tus órdenes jefa... no pases mucho frío, por Londres, yo por mi parte me estoy tomando, un cóctel especial, de esos que tú conoces y al ladito de la playa. – dijo en forma de burla, me conocía muy bien, le encantaba picarme.
–Eres... un cabronazo ¿lo sabías?
–Jajá.... para ti princesa... señorito cabrón... Todavía nadie me ha echado el lazo,... aunque si tú quisieras..... – Vaya con Richard, está juguetón.
– Querido... si estuviera ahora mismo a tu lado...  – Ronroneé de forma mimosa, ¡hasta ahí! – te arrancaría las pelotas y las echaría en tú cóctel, que lo disfrutes. – escuché como se atragantaba y tosía, me reí y le colgué.
Pensé en Nat y me vino una sonrisa a la cara, la expresión en el Hall no tenía desperdicio, me encantaban sus besos y desde luego le debió gustar mucho el mío. Ese pensamiento me puso de mejor humor, me levanté de la mesa y caminé hacia la puerta vi en el suelo los pedazos de aquella figurita que había lanzado antes y me fijé en un brillo metálico debajo del sofá.
Me agaché y lo mire con curiosidad, al parecer era una llave de seguridad, de una caja fuerte y por los pedazos de alrededor estaba dentro de la figurita. Jugueteé con ella en mis manos, durante un rato, pensé a dónde podría pertenecer y qué caja fuerte abriría. Bueno tenía la persona adecuada para averiguarlo, Stefan era un crack en buscar y encontrar, Jon con su carácter tan seco, era el mejor informático que conocía.
Abrí la puerta del despacho necesitaba hablar con Zipi y Zape, así los bauticé cuando los vi por primera vez, hace ya un par de años, aunque ellos no lo saben. –Ja... Me matarían si lo supiesen.
–Jon, Stefan... pasad.
– Jefa... ya ha venido mí primo... y.
– Perfecto, que pase... – le corte e hice que pasarán los tres.
Caminé hacia la mesa y dejé la llave allí, al lado de mi portátil, me giré para apoyarme sobre ella con los brazos cruzados. Les señalé el sofá para que se sienten.
– No Kat, estamos mejor de pie. – dijo Stefan, agarrando de la solapa al nuevo, sonreí, me hizo gracia.
– Está bien chicos, Jon preséntame a tu primo.
– Se llama Jak Loresh, es hijo de mi tío por parte de padre, de ahí que tengamos el mismo apellido, vive aquí en Londres, se lo conoce como la palma de su mano y como te conté ha trabajado en seguridad.
– Jon... Tú siempre tan meticuloso con los detalles. – puse los ojos en blanco y después me fijé Jak – que hable él.
– Señorita estoy a sus órdenes, para lo que me necesite, aquí estaré...
–Umm... ¿Tiene conocimientos en artes marciales? – me fijé en su musculatura y parecía fuerte y atlético. Sonreí con malicia.
– Si señorita... soy cinturón negro en karate y práctico King Boxing.
– Atácame y no te cortes, no te confundas por mi apariencia.
– Pero... señorita yo....
– ¿Quieres el trabajo?
– Si... señorita.
– Pues hazlo... atacarme.
La verdad es que no iba vestida muy cómoda para una pelea, llevaba falda y una blusa y una chaqueta americana, pero me apetecía mucho algo de ejercicio. Lleva toda la mañana necesitando quemar adrenalina y qué mejor manera que esa.
Miré Stefan y Jon les hice una señal para que sea apartaran, sonrieron, sabiendo de lo que era capaz, ellos también pasaron por esa prueba. Jak se acercó a mí para golpearme con el puño, lo esquivé y le di un golpe en la espalda, se cayó de rodillas.
– ¿Solo sabes hacer esto? Me parece que este trabajo no es para ti.
– De veras... que puedo hacerlo mucho mejor.... señorita.
Se giró en el mismo suelo y me golpeó con sus piernas para hacerme caer, ya en el suelo se abalanzó sobre mí, yo le golpeé la cara y le rodee con mis piernas la cintura para voltearlo y ponerlo debajo de mí.
– ¡Ohhh sí...! Mucho mejor, pero tienes que esforzarte un poquito más.
Jak al principio estaba confuso, pero según avanzaba la pelea fue cogiendo más confianza. Después de remolcarnos en el suelo yo le golpe en el estómago, nos separamos y conseguimos levantarnos y comenzar de nuevo, mi coleta ya se había deshecho, la chaqueta se había desabrochado y la blusa tenía un par de botones arrancados, sin mencionar que las medias que llevaba estaban hechas jirones, pero me lo estaba pasando genial. Su aspecto, la verdad, no estaba mejor que el mío, la camisa desabrochada, la chaqueta que llevaba tenía la manga rasgada y el golpe que le había propinado en la cara le había roto en labio.
– jefa... ¿lo dejamos en empate? creo que los dos hemos estado genial... – me dijo con la respiración acelerada.
– Bien... me parece muy bien, has dejado de llamarme señorita, me estaba cabreando oírtelo decir, por favor dirígete a mí como jefa o Kat, odio los formalismos.
– Hecho seño... quiero decir Kat – nos estrechamos la mano y en ese momento se abrió la puerta del despacho, apareciendo Charlie con Iván detrás de él.
– ¡Pero por amor de Dios! Katherine, esto no es un ring de boxeo, ni tú gimnasio particular. Son unas oficinas y es un despacho, un poco de respeto.
– ¡Charlie!.. –Me asustó con sus gritos y me tapé con la chaqueta.
– Katherine, se puede saber qué ha pasado aquí... – me pregunto Iván.
– Simplemente... acabo de contratar a Jack, para un trabajo.
Mientras lo decía, me dirigí hacia la mesa para ponerme por detrás y sentarme en el sillón, un poco para ocultar las medias rotas y el desastre de la blusa, por no hablar de mi pelo. 

Tu esencia

El problema nunca fue escribir, fueron los sentimientos. Pero ¿qué haces cuando te quedas vacía? ¿Cuándo te da igual veinte que ochenta? C...