viernes, 20 de marzo de 2015

Capítulo 6 Broncas y discusiones

"Iván"
Después de recibir la bronca de Charles, en la que yo me mantuve al margen, sólo me dediqué a observar a Kat, sus movimientos, sus gestos, aguantó el tipo, mientras Charles no paraba de gritarle.
– Katherine Rhonde, te espero en mi despacho.... en media hora y decentemente vestida, así que ¡espabila!... – dijo Charles, saliendo por la puerta del despacho.
Kat se levantó del sillón para contestarle, pero no le dio tiempo. Puse una gran sonrisa, al ver como ella se quedaba con la palabra en la boca. Esta vez no era yo, el causante de algo "inapropiado" en las oficinas.
– Tú de que te ríes... ¡¡gilipollas!! – me dijo, mientras se volvía a sentar en el sillón, tapándose con la chaqueta.
– Eeey ey ey... ¡Para el carro!, que yo no me he metido contigo... ¡Aún!... – le remarqué.
– ¡Vosotros fuera!... necesito hablar con mi... con Iván.
Mientras los echaba, les decía qué regresasen dentro de dos horas, a continuación, marco la extensión de su secretaria, habló con ella pidiéndole que fuera a comprar ropa de su talla, a la vez qué me miraba con odio.
– Lo que hiciste ayer... – me dijo rabia, cuando colgó el teléfono y apretando los dientes–No tiene nombre... ¡para mí... has muerto como hermanastro!, jamás pensé que llegarás a ese extremo tan depravado...
– ¿Pero de qué me hablas? no te estoy entendiendo, anoche me fui a tomar unas copas a un Pub...
– Y qué más te tomaste... ¿qué más mierda te metiste? porque ayer no parecías estar en tus cabales. – me dijo a gritos.
« ¿Pero de que me está acusando?, anoche recuerdo que bebí,.. Quizás demasiado. –Tengo un buen dolor de cabeza que lo corrobora – Recuerdo haberme metido en una pelea y que mí amigo Carlos me subió a un taxi y ya no recuerdo más.
– Kat, ¿De qué cojones me está hablando?...
– ¡Maldito seas Iván! anoche te presentaste en la casa de Nataniel, armaste una escenita de celos, al estilo culebrón, te peleaste con Nat y por si fuera poco, te declaraste diciendo qué te diera una oportunidad...
– ¿QUE YO HICE QUEEE? ... Anoche... Anoche estaba con Carlos, tomé muchas copas... y... y, pero lo último que recuerdo es subirme a un taxi, para llegar a casa...
Lo que dijo me dejó sin respiración, yo la quería, pero ¿cuando había hecho eso?, ¡no estaba en mis cabales! Después de subir al taxi, no recuerdo nada, ni siquiera recuerdo cómo llegué a la cama, ¡maldita sea; lo hice! ¡Le dije que la amaba! ¿Qué he hecho?... hablé con Nataniel ayer y creo que quedaron las cosas claras, sé que está con él y que no puedo hacer nada para que sus sentimientos cambien, ojalá pudiera.
– ¡Pues sí esa mierda que te tomaste, borra la memoria!... ¡Más te vale que te la dejes!, porque yo sé lo que vi... y Nat también, eres un depravado... un acosador y no te voy a dejar pasar ni una más. Me tienes harta.
Ella se levantó de su sillón y salió de detrás de la mesa, como una bala... Yo también me levanté y esperé, firme,.. Una patada, un puñetazo. Me lo merecía, por imbécil, por estúpido... Cerré los ojos esperando ese golpe. Me acordé de cuando fui a buscarla a California, estaba decidido a confesarle lo que sentía por ella, pero fui cobarde, un maldito cobarde, cuando la vi abrazada a ese tipo en la fiesta, sentí tantos celos, que lo único que me salió por la boca fue insultarla, ponerla en ridículo delante de sus amigos... ¡Jamás! me perdonaría después de eso, lo sabía, estaba seguro.
Abrí un ojo y cuál fue mi sorpresa cuando vi que al dar el último paso para darme ese golpe, tan merecido, se le rompió el tacón del zapato y cayó sobre mí. La abracé con fuerza para que no cayera al suelo y ella, sorprendida, no reaccionó, sólo me miraba a los ojos y yo a ella.
No sé qué me pasó por la cabeza, pero la besé y subí la mano para pasarla por detrás de su cuello, profundizando en ese beso que tanto había deseado, sentí cómo abría la boca y me dejaba entrar, era un sueño, no podía creer que estuviera ahí y ella me correspondía. Nuestras lenguas luchaban contra ese deseo que nos estaba quemando por dentro, no sé cómo, ni tampoco cuándo, pero nos separamos para poder respirar. Sólo en ese momento me di cuenta de lo que acaba de pasar y sin decir nada, me aparte de ella y salir por la puerta.
«– Eres un cobarde Iván... un puto cobarde. – me dije a mí mismo mientras se cerraba la puerta.»
"Katherine"
« Qué... qué... ¿qué ha pasado? ¿Cómo he podido?... yo no... ¿Le he besado?, esto ha sido una pesadilla, no ha pasado, no he podido besarlo... yo.»
En ese momento el teléfono sonó, me despertó de mis pensamientos, fui como una autómata, respondí, sin pensar.
– Katherine Rhonde al teléfono, dígame.
–Hola Katherine...
– ¿Que quieres Carlos?, mejor aún, vete a la mierda Carlos. Tú fuiste el que insistió a Iván, para que me fuera a buscar a California.... Delante de los demás, te tengo que aguantar, pero tú y yo no nos hemos llevado bien nunca – tenía la "escopeta recortada" en mi boca, y disparé – No tengo porqué disimular ahora.... él no está conmigo, estará en su despacho, llámale y no vuelvas a llamarme nunca más, imbécil.
Colgué de malas maneras y mire mis pies, "Malditos zapatos, unos Manolos de  700 dólares y se rompen, Hijos de p....", volvió a sonar el teléfono.
– ¡QUEEE! – grité
– Se... se... seño... señorita... Rho...nde. – dijo en un susurro Lizeth.
– Disculpa Marie... ¿tienes lo que te pedí?
–Si... seño... – No la dejé continuar.
– Llámame, Kat o Katherine... por favor...
Si volvía escuchar esa palabra en boca de alguien, no sabía cómo iba a reaccionar, estaba teniendo una mañana de perros. En mis empresas en Estados Unidos, todos me conocían bien, así que jamás me volvieron a llamar así, sólo Kate o Kat o Katherine era suficiente. En el mundo de la moda y la publicidad, sólo tenían que pronuncias mi nombre y ya sabían quién era y cómo trabajaba.
– Si... tengo lo que me pidió, Katherine....
– Pase a mi despacho...
Entró a los pocos segundos de colgar, con una bolsa en las manos, de una tienda de ropa de moda que está enfrente de las oficinas, me fijé en esa tienda cuando vine el otro día, me gustaron sus diseños podían ser bastante comerciales para su venta en USA. Como se suele decir, "de Formación Profesional", no podía evitarlo; siempre estaba pensando en el trabajo y cuando no lo hacía... lo hacía de manera inconsciente.
– Necesito otra cosa... unos zapatos. – Le dije cogiendo la bolsa y viendo cómo ponía una cara de horror al ver mi imagen, hecha un desastre.
– Qué número...
– ¿Sabes qué? llévate estos y por otra parte..., me gustas, aprendes rápido... Me gusta que seas directa y que no hagas preguntas tontas.
– Se los traeré en 10 minutos.
Sonreí cuando salió por la puerta, sabía que se moría de ganas por averiguar qué es lo que había sucedido en ese despacho, pero se aguantó las ganas y eso me gustó.
El despacho de mi madre, tenía muchas ventajas, era el más grande de la planta y también tenía su propio baño con ducha; cosa que agradecí, la necesitaba y me vino muy bien, para relajarme. En media hora estaba lista y como Charles me había pedido, me presenté en su despacho.
– Charles quiero pedirte que...
–Ssschusss... Calla muchacha, calla. – no me dejó continuar y me abrazo tan fuerte que casi me deja sin respiración – cuando te he visto hace un momento en el despacho, me has hecho hervir la sangre, pero también me has recordado buenos momentos. –Suspiró – Cuando tú y yo luchábamos en mi despacho, a escondidas de tu madre y de tu padrastro... muchacha ¡no sabes cuánto te he echado de menos!, mi pequeña salvaje.
– Charles... ¡Para! o tendré que hacerte una llave, para que me sueltes – le dije con ironía.
Cómo quiero a ese hombre... Me siento tan protegida con él. Es increíble que aún se acordarse de esos momentos. Pero también es cierto que es el único que sabe mi verdad, qué sabe mi secreto y yo comparto el suyo, nadie, ni siquiera su esposa lo sabe.
Hablamos hasta la hora de comer; de las cosas del pasado, de lo que pensaba hacer con la empresa, ahora, en el presente y de mis planes de futuro, por supuesto, lejos de Londres. Me dijo que contará con su ayuda, que me apoyaría en todo lo que necesitase y que hablaría con Iván. Eso sí, que se lo agradecí. Después de lo que había sucedido en el despacho, no quería volver a verlo, no sé qué ocurrió ni porqué, pero me descolocó por completo. Estaba pisando un terreno, hasta ahora desconocido para mí y mis sentimientos.
Cuando regresé de comer, encontré en mi despacho a mis tres hombres. Tenía que darles las instrucciones para que la siguieran al pie de la letra.
– Señores... Seré breve, necesito qué Jack se dedique a seguir a Ian, las 24 horas del día quiero tener en mi mesa, todas las mañanas, el informe del día anterior sin excepción. – hice un pequeño descanso antes de continuar.
–Jefa... Ian es el mejor en su trabajo, creo que Jack, no debería ir solo – dijo Stefan.
– A vosotros dos os conoce y Jack puede pasar más desapercibido…. De todas formas Stefan, tienes razón, acompáñale pero que no os descubra, me estoy jugando mi empresa y sé que esconde un as en la manga, necesito saber cuál es, antes de que lo use en mi contra.
– ¿Cuándo empecemos?
– Para mañana es tarde... no creo que esté muy lejos de las oficinas, reunido con sus abogados y sus compinches, para presentar la oferta a mi empresa, empezad por ahí.
– Y yo jefa, ¿para qué soy bueno? – dijo Jon, inusualmente nervioso.
– Tranquilo Jon, tengo otra misión para ti, necesito que me digas a qué caja fuerte pertenece esta llave. La he encontrado aquí y sé que mi madre no tenía caja fuerte en el despacho.
– Está bien jefa toda la llave tiene un código y te aseguro que la encontraré.
– Y ahora... largo de mi despacho, poneros a trabajar ¡ya!
Asintieron y salieron del despacho, enfrente tenía la mesa de Lizeth y me asomé para preguntarla si había habido alguna llamada mientras yo estaba fuera.
– Si... ha llamado el señor Richard Monroe y luego a tenido tres llamadas más, desde Nueva York pero no han querido dejar nombre, han dicho que volverían a llamar.
Me quedé pensando quién podría ser esa persona, que llamaba desea Nueva York, para hablar conmigo, no dije nada, simplemente entré en el despacho y cerré la puerta.
Tuve esa maldita reunión, con los jefes de departamento y aunque fueron reacios conmigo, les dije que yo mandaba allí y que si ellos no colaboraban, estarían de patitas en la calle, esa misma tarde.
Regresé a mi despacho y nada más sentarme recibí una llamada.
– Katherine, al habla... dígame.
–Kate, ¿Se puede saber qué narices haces en Londres, cuando deberías estar en Washington?
– Señor Nixon, yo... yo... usted sabe que.... yo. – di un salto del sillón y me puse en pie, era Eduard Nixon, me estaba llamando a mí, no podía creerlo.
– Deja de tartamudear de una vez, niña... – me dijo muy enfadado y yo comencé a temblar – dame una explicación, eso es lo que quiero.
–Señor... Cuando terminé mi último trabajo, solicite una excedencia de un año, mi familia me necesita... están teniendo problemas en la empresa de Londres – dije una verdad a medias; la verdad era que estaba quemada, necesitaba respirar, salir. – y por eso me he tenido que venir de urgencia, no era mi intención marcharme sin avisar.
– Y porque está Ian contigo, qué tiene que ver él, con tu empresa.
– Señor... yo no estoy con Ian, él es el problema, está obsesionado conmigo y desea invertir mi empresa, pero yo no estoy interesada en ese trato.
– Kate, que no vuelva a ocurrir, no consiento que nadie se salta las normas. En cuanto a Ian, hablaré con él, debe volver cuanto antes al trabajo, le necesitamos aquí.
– No señor, le prometo qué no volverá a ocurrir.
– Acepto tus disculpas Kate. Tienes de plazo 6 meses a contar a partir de ahora, ni un día más. Lo has entendido, porque no pienso repetirlo. En cuanto a Stefan y Jon, pueden quedarse contigo, pero deben regresar el mismo día que tú.
– Pero señor...
– No hay peros que valgan Kate, ni una palabra más... te quiero aquí en 6 meses, está claro Kate.
– Cristalino Señor,... ahí estaré Señor Nixon.
Colgué el teléfono y me quedé ahí mirándolo, sin saber qué hacer, había hablado con Eduard Nixon, jamás pensé que ese hombre se dirigiría a mí, yo era una recién llegada a la Agencia, casi una desconocida, Ian en cambio se pavoneaba y presumía de sus logros, para todos era el mejor.
Sin darme cuenta pasaron las horas, dándole vueltas a todo lo ocurrido durante la mañana y sobre todo, durante la tarde, cuando tocaron a la puerta y apareció mi querido Nataniel.
–Buenas gatita–sonríe ampliamente, pero al reparar en mi ropa se puso serio–Te has cambiado de ropa.
–He tenido una serie de percances que bueno han hecho que mi pobre ropa se haya ido al traste…–me muerdo el labio poniendo cara de chica buena.
–Vamos, que tenemos una cena pendiente y por el camino me contarás quien te ha destrozado la ropa–me levanto y tras coger el bolso me sitúo a su lado–solo yo tengo esa ventaja–me mordió el lóbulo provocándome un escalofrío.
–Mejor no empieces algo que no puedas acabar, querido Nat–le sonreí burlona.
Me acerque a la mesa para coger el móvil que me lo había dejado en un lado y no me he acordado hasta ahora, a veces soy tan despistada que no sé cómo no vengo en pijama a la empresa. Sería bastante gracioso. Siento a Nathaniel acercarse, me rodeo la cintura con sus brazos y apoyo la cabeza sobre mi hombro, noto como está sonriendo torcidamente y eso no presagia nada bueno.
–Se podría terminar, igual que tu horario de trabajo expiro hace media hora–sus dedos acarician la cintura, traviesos–nadie tendría que entrar ni molestarnos–me gire en sus brazos–además es tan sexy que estés tan arreglada y sin zapatos.
–De eso no me di cuenta hasta ahora–rodeo su cuello con mis brazos y me siento en el filo de la mesa–he estado bastante ocupada todo el día–acaricio con mi lengua su labio superior y muerdo el inferior.
Eso fue todo lo que pude decir, porque él comenzó a devorar mi boca con una pasión abrasante. Me agarro de la cintura, sentándome mejor en el escritorio y acomodándose entre mis piernas, mientras mis manos despeinan su cabello oscuro y acaricia su cuello junto con sus hombros.
Me quita la chaqueta lentamente, provocándome junto con sus labios que abandonan los míos y van descendiendo hasta mi oído, donde gime bajito, provocándome. Sigue su recorrido descendiente, igual que mi chaqueta que acaba tirada en la mesa de cualquier manera, nos da igual. Oigo al otro lado de la puerta como Ian habla con Marie para que me avise que quiere hablar conmigo pero ella le dice que no, que mi horario ha acabado y que no me va a molestar por él. Eso me gusta de ella, tendré que hablar luego.
Echo la cabeza hacia atrás sonriendo, mientras Nat desliza hábilmente sus labios por todo mi cuello, provocándome escalofríos por todo el cuerpo, de placer, muerde mi cuello justo donde se agolpa mi alocado pulso. Me desabrocha un botón de la camisa con la boca y pasea su lengua por encima de mis senos, me mira y sonríe al ver mi sostén de encaje negro.
Advierto que mi pelo está suelto, no sé en qué momento ha conseguido soltarlo, pero me da igual. Su boca toma posesión de la mía, librando una lucha por el poder, dos titanes batallando por ejercer su dominación. Pero en ese momento se abre la puerta de mi despacho de golpe y aparece Ian. Me separo de Nat para mirarlo fijamente, mis ojos se oscurecen, fríos como el hielo, Nat aprecia el cambio y se gira para ver al intruso.
–Mi secretaria te dijo que no quería ver a nadie, que mi horario de trabajo ha terminado. ¿Quién coño te crees que eres y con qué derechos entras a mi despacho sin llamar?
–Quiero hablar contigo y sabia que estabas aquí, pero no tan ocupada–dice con burla en su mirada, intentando ocultar su enfado.
–Nat, vete fuera, por favor, voy a hablar con el señor Mcan–le sonrío con cariño–prometo no tardar mucho.
–Si me necesitas, estaré afuera con los chicos y Marie–me da un beso abrasador que me deja con el cuerpo ardiendo.

Asiento, y en cuanto cierra la puerta, con un suave clic, me bajo de un salto de mi escritorio y tras ponerme bien el pelo, miro a Ian que sonríe orgulloso de sí mismo. Mi expresión se vuelve fría como el hielo, es hora de ajustar cuentas.

jueves, 12 de marzo de 2015

Epílogo

Llegamos al final de esta historia, pero tranquilos, solo el final del primer libro, pronto empezaré a subir el segundo libro. Pero tendréis que esperar un poco mientras Rafa y yo lo terminamos. Disfrutad del epílogo ;)


- Ya estamos llegando- dijo Tomas a sus compañeros, quienes se asomaron a las ventanillas para contemplar su destino.
Ellos miran asombrados la isla, algunos molestos, pero todos admiran la belleza que se ve a esa altura.
-¿Quien vive aquí?
- La única que puede ayudarnos- fue su enigmática respuesta, y comenzó el descenso.
Los chicos se miran entre sí, Alex sacude la cabeza y mira por la ventana, ausente, perdido en sus pensamientos.
-¿Estás seguro que esa persona nos ayudara?-pregunta Lizzy curiosa.
-Lo hará. Tal vez os resulte fría pero es pura fachada. Tiene un corazón enorme y adora a Rafa y Lyd.
- Ellos... ella... ¿se conocen?
- Lyd no la recuerda. Fue una de las consecuencias.
Alex, absorto en su mente, lo miró.
- ¿De qué hablas, Ross?
- Ya habrá tiempo de explicaciones, Jones.
Alex lo fulmina con la mirada, resopla y vuelve a mirar a la ventana con desgana. No le gusta los secretitos que tiene el tipo y menos la familiaridad con la que habla.
-Bienvenidos a la Isla Di Laurent, propiedad de Alyssa Di Laurent.

viernes, 6 de marzo de 2015

Capítulo 13 Muerte e Infierno

La mira fijamente, ve en sus ojos la expectación y la curiosidad.
- Es Lydia.
Ella los mira enarcando una ceja, en su mirada hay un brillo burlón, si hubiera podido ahora estaría riendo. Sacude la cabeza riendo interiormente de las absurdas historias que cuenta. Oscar saca un cuchillo.
- La sangre de dioses es muy valiosa. Pudimos drenarla, Aarón.
Ella los mira horrorizada y comienza a gritarles algo, pero la mordaza impide la coherencia. Maldita sea, juro que me las vas a pagar, Oscar piensa la joven sin saber que el pensamiento, por la fuerza que tenía, lo ha transmitido a los chicos.
- ¿Qué voy a pagar exactamente?- dijo, riendo con burla
Ella lo mira descolocada, pone los ojos en blanco. Definitivamente se le ha ido la pinza, tendría que haberle clavado el tacón cuando tuve oportunidad. Hace una mueca, pero ni por esas puede apartar la mordaza, deja de luchar y se queda floja. Ya no sabe que más hacer, y eso que en teoría es la mejor agente de su padre.
- Durante años fue entrenada para defenderse, convencida de ser una especie de agente secreto. Y consiguieron bloquear su aura, para no ser encontrada. Y entonces, la diosa decidió hacerse escritora. Y mira por donde... la encuentran- Aarón sonríe malévolo.
Ella los mira, empieza a hiperventilar y con la mirada les pide que les que le quiten la mordaza. Ella no se queda callada y menos ante mentiras de canallas.
- Pero tus amigos son muy persistentes. Así que nos libraremos de ellos antes de ocuparnos de ti
¡NUNCA! exclama en su mente y hace retroceder a los chicos, que se miran entre si asombrados de la potencia del pensamiento. En teoría no tiene poderes, están sellados igual que su aura.
- Imagina cuando liberemos su mente- le dijo Oscar a Aarón.- Va a ser asombrosa
Ella sonríe a través de la mordaza, se sumerge en su mente, concentrándose todo lo que puede. Ellos quieren guerra, pues vamos a probarles, que con Lydia, no se juega o te quemas. Abre los ojos que parecen dos llamas, y ellos la miran asombrados. Ambos la miran.
- Duérmela otra vez hasta que lleguen sus amigos.
Ella niega la cabeza repetidamente y se sacude todo lo que puede.
-N...o...-dice como puede.
Aarón ríe y le retira la mordaza.
- ¿Perdona?
-Que no me durmáis, par de locos-mira a Oscar y sonríe con maldad-chico desde la ultima vez que te vi, sin contar el Caribe, se te ha soltado algún que otro tornillo.
Sintió la aguja clavarse en su cuello.
- Maldito traicionero... bastar...
-Así aprenderás a no faltar el respeto a tus secuestradores-dice Oscar aunque ella no le escuche.
-Tiene agallas, la cría.
-Siempre las ha tenido, pero es demasiado obstinada e impulsiva.-Oscar la mira.
-Métela en la jaula. Cuando despierte, sus amigos estarán aquí.
****
- No debemos estar lejos- dijo Alex.
-¿Cómo estas tan seguro?
-Vamos a ciegas, Alex-afirma Sam mirando los alrededores.
-Conozco al cabrón de mi hermano y sé que está en esta mansión. Es un pretencioso de mierda.
-Alex, esto es muy peligroso-murmura Lizzy observando el lugar tensa.
De pronto, llegan a una sala muy iluminada, con tres grandes ventanales. Han llegado a una sala que tampoco sirve, bufan molestos, parecen que están dando vueltas.
-Alex, aquí no hay nadie-le dice Rafa apoyando una mano en su hombro.
-Esto está vacío-afirma Lizzy mirando la sala.
Miran el gran salón, solo hay los muebles básicos, pero como ha indicado Lizzy, está vacío, sin embargo, algo no cuadra, hay vasos en las mesas de su alrededor.
Alex cogió un vaso y lo lanzó contra la pared, haciéndolo romperse añicos
-Alex, cálmate, Lydia sabe cómo defenderse, no le pasará nada-le agarra del hombro Rafa.
-Alex, tranquilo, vamos a encontrar a tu hermano-le sonríe Lizzy dando un paseo por la sala.
Alex pudo notar que ellos estaban tan nerviosos (si no mas) que él. De pronto, se fija en una puerta camuflada, corre hacia ella y sus amigos le siguen. Le da una patada, abriéndola de un golpe y entran. Los cuatro se quedan petrificados nada más entrar, allí estaba Lyd, inconsciente y franqueada por Óscar y Aarón.
- Bienvenidos, muchachitos.
Alex se lanzó de un salto a por Aarón, derribándolo.
-Maldito bastardo, como te atreves a acercarte a ella-le lanza un puñetazo en la cara.
-¡Alex, basta!-exclama Lizzy intentando acercarse a él.
Un haz de luz iluminó el lugar y Alex salió disparado hacia atrás. Aarón estaba de pie, sin ningún rasguño, sonriendo.
-Pequeño Alex, no juegues con lo que no sabes o acabaras bastante mal-sonríe mientras Lizzy y los chicos ayudan a incorporarse a su amigo.
- Déjala en paz- dijo Rafa.
- Como siempre en tu papel protector...
-Es mi amiga, y ella no te es útil para nada, Aarón.
-Deja a nuestra amiga y búscate a una puta-le escupe Lizzy con asco.
- Ella es justo lo que buscamos.- rió, mordaz
-Búscate a otra y déjala, ella es una escritora-intercede ahora Sam, odia también a Aarón.
-Ella es una diosa- dijo Oscar, con un deje de impaciencia y apareciendo ante la sorpresa de los chicos, que lo creían muerto.
-Eso es mentira-exclaman Alex y Lizzy.
-Eso no existe-masculla Rafa, inseguro y muy tenso.
- Callaos- advirtió Rafa mientras sus músculos se tensaron, su espalda se ensanchó y sus ojos brillaron con furia.
-Rafa...-murmura asombrados los chicos y retroceden un paso-¿Qué está pasando?
-No empieces. Recuerda qué pasó la última vez...-le amenaza Oscar frunciendo el ceño.
- A ti también te convendría recordarlo- dijo él.- Soltadla.
-Creo que no, es hora de que se una con papá Hades-sonríe sardónico Oscar.
-Ni se te ocurra-dan un paso Alex, Lizzy y Sam.
-Hades no existe-murmura Lyd muy bajito, despertando.
Los chicos se quedan parados en el sitio, ahora es cuando distinguen a Lydia, aparece detrás Oscar y Aarón, delante de una jaula y atada de pies y manos, literalmente. Parpadea un tanto confusa, lleva mucho tiempo inconsciente y está desorientada.
- En seguida lo conocerás.
-Mi padre...-lo busca con la mirada y ve a sus amigos-¿Chicos?
- Es hora de irse- dijo Oscar
Ella lo fulmina con la mirada y tira de sus restricciones y llama a sus amigos.
-Tendría que haberte matado hace años-sisea Lyd.
- Pero no lo hiciste- dijeron Aarón y Oscar sonriendo petulantes.
-Lo haré en cuanto tenga opción -escupe a sus pies.
-Aun en desventaja le planta cara-susurra Lizzy sorprendida a Rafa.
-Queridos amigos, es un placer tenerlos en nuestro hogar-intercede Oscar sonriendo burlón-pero esta bella dama, tiene que volver con nuestro padre, Hades, Rey del Inframundo, que también es su padre.
Los chicos jadean de la impresión, mientras Rafa aprieta las manos en puños y bufa molesto, Alex fulmina con la mirada a los hombres.
-No te la vas a llevar, Oscar, tendrás que luchar con nosotros.
-Exactamente-se pone en posición defensiva Lizzy-ella se queda con nosotros.
En ese momento Lydia aprovecha y se pone en pie, esta vez habían cometido el error de no atarle los pies, por lo que da un salto y golpea en la cabeza a Aarón tirándolo contra Óscar. Rafa y Alex corren hacia ella, mientras Oscar y Aarón se levantan del suelo, sin embargo aparece una luz tras ellos que los ciega.
-Vaya, se ve que llego en el mejor momento-murmura una voz burlona.
-Déjate de tonterías y ayuda, Tomas-espeta Rafa.
Cuando Alex esta a punto de alcanzarla sale disparado hacia atrás golpeando en el proceso a Rafa y ven a Lydia en brazos de Oscar, que la tiene sujeta por el cuello y una daga pegada.
-Si os acercáis la mato-mira a Rafa fijamente y luego a Tomas, sonríe macabramente-veo que reconocéis la saga y el daño que puedo hacer.
-Suéltala, Oscar-da un paso Tomas y él aprieta un poco más la daga-ella no te sirve, es inútil, te encontrarán.
-Te voy a dar caza como un perro, no te voy a dejar escapar-se levanta Alex, Liz se sitúa a su lado
-Te vamos a atrapar, nos lleve el tiempo que sea.
Alex y Lizzy dan un paso hacia él, luego salta y Oscar en un movimiento rápido, clava la daga en el estómago de Lydia.
-No es Lydia, Alex, es Dylai-sonríe Aarón acercándose a su amigo-vuestro Clan no sirve para nada.
-¡No!-exclaman todos horrorizados.
-Vas a pagarlo-gritan Alex, Rafa y Tomas, que saltan a por ellos.
Aarón, saca la daga del estómago de la chica y las lanza al pecho de Rafa, sin vacilación. La daga se clava en el pecho de Rafa. Lizzy ahoga un grito, y Alex corre hacia su amigo. Pero él cae al suelo y misteriosamente, Alex oyó su voz en su mente: seguid a Tomas, él os llevará. Yo cuido de ella.
Tras eso cae al suelo sin vida al perforarle el corazón y Lizzy suelta un grito.
-Ahora, toca marcharnos, ha sido un placer conoceros-hacen una burla reverencia y desaparecen con Lydia.
Todo quedó en silencio. Alex y Lizzy estaban perplejos, arrodillados frente al cuerpo de Rafa.
Tomas se arrodilla al lado de su amigo, pone la mano sobre la daga y la saca de un tirón lanzándola contra la pared, donde se clava. Pasa sus manos sobre la herida y ésta se va cerrando lentamente, ante el asombro de los tres chicos.
-Esto es...
-Soy un dios, Alex, Morfeo, para ser exactos-sonríe con tristeza.
Alex mira el lugar donde han desaparecido los dos canallas con la chica a la que quiere, de ella solo queda un charco de sangre. Una solitaria lágrima escapa de sus ojos, Lizzy lo abraza fuerte, ella también llora por la pérdida de Rafa. Sam se arrodilla al lado de sus amigos y apoya una mano sobre el hombro de Alex, se encuentra en shock.
-Ellos pagarán lo que han hecho-afirma Sam uniéndose al abrazo.
-Ellos van a acabar muertos-dice Tomas cogiendo un poco de sangre de Lyd y echándola en un tubo-muy lentamente-masculla con voz oscura que eriza el pelo de los mortales-ahora tenemos un viaje que hacer-el cuerpo de Rafa levita al lado de él.
- ¿Qué haces con Rafa?
- No está muerto.-Un atisbo de sonrisa aparece en su rostro.
-Pero si no responde y tiene la daga Clavada en el pecho-exclama Lizzy.
-Yo lo protegí porque sabía que pasaría esto-dice tranquilamente Tomas llegando a un helicóptero.
- Cómo que lo...
- Su alma está intacta. Así que podrá volver, pero no lo hará, cuidará a su amiga en su cautiverio hasta que nosotros bajemos a sacarla de allí-sus manos se crispa en puños y todo su cuerpo se tensa visiblemente-porque vamos a bajar y los mataremos-susurra aunque ellos lo oyen.
-Pero eso no es justo-se queja Lizzy y frunce el ceño-tendría que volver y ayudarnos.
- De momento, Lyd... o Dyl... necesita más ayuda que nosotros. Además, nosotros tenemos nuestro propio camino.
Llegaron al helicóptero de Tomas. Este lo abrió y subieron todos, y tumbaron a Rafa en tres asientos.
- ¿Qué camino?
-Vamos a la isla de Di Laurent. Vamos a rescatar a nuestros amigos del Inframundo pero antes necesitamos ayuda de una persona.
-¿Quién nos dice que podemos confiar en la persona que viva en esa isla? -pregunta de pronto Sam.
-Yo, con eso os tiene que bastar por ahora-lo encara visiblemente molesto-esa persona nos ayudara a entrenarnos para que cuando llegue el momento, podamos bajar a por nuestros amigos.

Tu esencia

El problema nunca fue escribir, fueron los sentimientos. Pero ¿qué haces cuando te quedas vacía? ¿Cuándo te da igual veinte que ochenta? C...