lunes, 20 de junio de 2016

Capítulo 7 Ampliando la familia

Ella se me quedó mirando durante unos instantes como si no pudiera terminar de creer lo que le acababa de decir, aunque a decir verdad ni yo misma me lo acababa de creer.
—No me engañes mortal, sé que has visto a Atenea—tras decir eso, se produjo mucha luz.
Me tapé los ojos por la luminosidad, al volverlos abrir me encontré a la diosa Artemisa delante de mí y mirándome con cara de pocos amigos. Retrocedí unos pasos, no sabía que le había hecho a esa diosa para que se cabreara, ella levantó la mano y en un acto instintivo levanté un escudo frente a mí y empiezo a brillar como ella, aparece mi aura dorada.
—¿Quién eres tú, por qué tienes el aura de una diosa?—preguntó preparando una bola de poder.
—Soy Alyssa Di Laurent e hija de la diosa Atenea.
—No puede ser…-dije retrocediendo un paso—¿qué haces aquí?
—Vine porque quiero hablar con mi madre, ya que tanto ella como Nyx y Afrodita han desaparecido y no puedo contactar con ella pensé que venir a su…
—Templo te ayudaría—terminó por mí—ellas no van a volver a visitarte, no se van a arriesgar a sufrir la ira de Zeus.
—¿Entonces por qué tú estás aquí?—pregunté con insolencia.
—Porque quería conocerte, dado que eres mi sobrina y además tenía curiosidad, me han llegado rumores de que tienes demasiado poder y quería comprobarlo.
—No tengo poderes, bueno si tengo pero son tonterías…
—¿Qué poderes tienes?—preguntó con un tono de curiosidad.
—Veo el futuro a veces, puedo producir chispazos, creo—digo encogiéndome de hombros—pero solo puedo hacer eso cuando alguien que me importa está en peligro o cuando me siento amenazada.
—Bueno eso quiero verlo ven conmigo, rápido.
La seguí y entramos por un pasillo, lo recorrimos en silencio, al fondo vi mucha luz y cuando nos fuimos acercando distinguí que es un prado y me quedé boquiabierta, no era posible que hubiera uno por aquí cerca. Al entrar lo reconocí, estaba de nuevo en el Olimpo, la morada de los dioses, la observé con una interrogación pero ella se limitó a sonreír.
—Sí, estás en el Olimpo, pero no te preocupes Zeus no te pillara aquí, hoy está muy ocupado en una reunión.
—Yo estuve aquí hace un mes…
—Lo sé, te vi de lejos pero no te he reconocido hasta que he visto tu aura, deberías esconderla mejor para que los demás dioses no te descubran—dijo relajándose—en estos momentos todos los dioses te están buscando para conocerte o para matarte, pero no ha habido resultados, se ve que tus padres te escondieron bastante bien.
—No he desarrollado los poderes hasta hace un mes y medio, ni mi naturaleza de deidad—le puse los ojos en blanco.
—Tendrías que tener un hechizo muy potente para bloquear tus poderes, pero eso ahora lo descubriremos. Te voy a atacar en serio, así que defiéndete.
Nada más decir eso empezó a atacarme yo simplemente esquivaba los ataques, para ser una diosa no era muy buena luchando. De pronto, apareció Judit y Artemisa le lanzó un ataque que le dio de lleno y la lanzo unos metros. Enarqué una ceja por su absurdo jueguecito mental. ¿De verdad pensaba que iba a caer en eso? Bufé y me crucé de brazos, tenía una familia que estaba loca, ninguno se enteraba que yo no tenía poderes, era una mortal, normal y corriente.
De pronto, me lanzó algo que no pude esquivar a tiempo, por lo que me golpeó de lleno, lanzándome por los aires. Me levanté sacudiendo mis piernas y la fulminé con la mirada. Una cosa es que tuviera complejo de superioridad y se creyera buena cuando me intentaba acertar con sus patéticos ataques, y otra que lo haga enserio.
Fui corriendo hacia ella esquivando todos sus ataques, cuando llegué hasta ella creé una bola de truenos y se la lance, ella no fue lo suficientemente rápida para protegerse  o esquivarlo por lo que el ataque la lanzo a unos metros. Mi aura tembló y el cielo se fue volviendo gris, levanté una mano al cielo y un trueno cayó en mi mano, lo retuve ahí y mire a mi tía que me miraba sobrecogida.
Mierda, se me había ido de las manos la situación, había dejado que el mosqueo guiara mis actos. Cerré la mano en un puño y no sé cómo el relámpago desapareció. Tan pronto como el cielo se nubló, igual de rápido volvió a teñirse de color azul y todo se tranquilizó, camine lentamente hacia mi tía y le tendí una mano para ayudarla a levantarse.
Luego ella me dio un gran abrazo, se ve que esto de los abrazos es familiar, justo cuando se separó, apareció un chico, muy parecido a ella, estaba sonriendo y se fue acercando poco  a poco.
—¿Qué haces aquí, Apolo?
—Veo que has encontrado a nuestra sobrina perdida, se ve que los rumores son ciertos, tienes un gran poder niña—dijo con un tono mordaz—¿Qué hace aquí?
—Primero no me llames niña porque no lo soy, tengo 22 años, que tú seas unos milenios más viejo no implica que yo sea una niña.
—Vaya se ve que la niñita tiene genio—dijo entre risas.
Ese tío ya no me caía bien y para que viera que no era una cría lo miré fijamente y creé dos dobles mías con bolas de poder y se las lanzamos las tres. Luego me eché a reír cuando vi que se levantaba un tanto desorientado y me miraba furioso.
—Oh venga tito, ¿no eres capaz de aceptar un broma?—dije entre risas, y con sorna, junto con Artemisa.
—Eso es verdad hermano, una broma es una broma.
De pronto, el cielo tronó y la tierra tembló, Apolo y Artemisa se miraron nerviosos, él me cogió en volandas y salió volando hacia un templo que había cerca, mientras se alejaba vi como Artemisa se quedaba en el mismo sitio.
—¡Para, no podemos dejarla ahí!
—Esos truenos y esa sacudida de la tierra es cosa de Zeus que ha acabado la reunión y se dirige hacia donde estábamos, ella lo va a entretener mientras te llevo a mi templo y te hago pasar por mi consorte humana—dijo con una sonrisa traviesa.
—¿¡Cómo?! ¡No ni de broma, prefiero una de las ninfas antes que eso, no pienso hacerme pasar por eso!
—Eres mi sobrina y si no quieres que el abuelo te pille lo harás, además no tengo ninfas como mis hermanas y según la ley del Olimpo hasta que no tengas medio siglo o uno no serás mayor de edad.  Esconde tu aura, umm…tu aspecto tendrás que cambiarlo, el atuendo no es el adecuado.
—Así estoy bien, no me pienso cambiar y me dan igual las leyes de aquí, después de todo no estoy sujeta a ellas.
—Si lo estas, porque eres una diosa que…
—Semidiosa—dije interrumpiéndole, aunque no fuera ni eso.
—No, si fueras una semidiosa no tendrías un aura como la mía—dijo mientras aterriza en su templo-ahora quédate quieta un momento.
Me miró fijamente y de pronto, mi pelo se soltó y cayó sobre mis hombros, mi vestido se cambió por otro de palabra de honor más suelto y fresquito y mis zapatos de aguja por unas sandalias altas. Miré a mi tío con una ceja enarcada y expresión burlona, él se limitó a sonreír y guiñarme un ojo.
—Me vas a decir que no tengo buen ojo para elegir a mis amantes ¿eh?—dijo riendo a carcajadas.
—Perdona, yo no soy cualquiera de tus amantes, soy tu sobrina y seguro que mejor que tus amantes—dije cruzándome de brazos.
—Bueno eso no lo sé, ¿lo comprobamos?—dijo mirando con una mirada picara.
—¿Quieres salir por patas? Pues compórtate tito.
—Chica no aceptas una broma, anda ven sígueme, no nos queda mucho tiempo.
Entramos por una puerta que llevaba un pasillo, el cual era bastante luminoso y estaba bien decorado, luego entramos por una puerta que era la habitación de Apolo. La habitación era el doble de la mía y con dos sillones con una mesita, un escritorio una gran cama con dosel y una chelón, también había algunos cuadros y unos ventanales que daban a un precioso jardín.
—Tienes buen gusto tito, lo admito, pensé que tendrías peor gusto.
—Jajaja me lo imaginaba, pero teniendo a Afrodita por hermana, ya te puedes imaginar. Ahora túmbate que Zeus está llegando.
Me lancé sobre la cama y me puse a dar saltos, era bastante blandita, de pronto, algo se estrelló contra mí y caímos en la cama, empecé a reírme, fue entretenido. Miré hacia arriba y vi a mi tío mirándome serio, se inclinó y me dio un beso en la frente, estaba sin camiseta y una sábana nos cubría para que cuando Zeus entrara no nos descubriera.
 Lo miré asombrada, no esperaba esa muestra de cariño, ninguna de las diosas que había conocido había sido tan cariñosa. Justo en el momento en el que iba a decir algo se oyó un ruido y sentí como Apolo se tensó, me miró y asintió, mi abuelo ya estaba aquí. Apolo se inclinó y me dio besos en el cuello, y me susurró en el oído rápidamente:
—Espero que seas buena actriz, Alyssa.
Sin pretenderlo se me escapó una pequeña risilla, haciendo vibrar todo y contagiándole la risa, pero pronto nos pusimos serios, nos miramos a los ojos un segundo y empezamos a actuar. Se acercó lentamente a mí, fue dejando un recorrido de besos desde la frente hasta el cuello, ahí se entretuvo un ratito, justo cuando descendió hasta la clavícula alguien irrumpió en la habitación. Rápidamente nos tapamos para cubrirnos, aunque estábamos vestidos y miramos hacia la puerta, allí estaba Zeus, mi abuelo, nos miró a los dos fijamente. Era bastante alto, aproximadamente 1.95m, llevaba una túnica blanca con un broche en el hombro de oro que sujetaba la túnica.

—Apolo, se puede saber que estás haciendo—dijo con tono imperioso.

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Lydia

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